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sábado, 20 de junio de 2009


Pensé dos veces el mismo argumento, caminé una y comí tres. Te miré con cara de no saber como rechazarte, pero para variar no entendiste... o no quisite.
Un cigarro resién encendido me quema los dedos. Fumo apurada como si en él se fuera el tiempo de mi respuesta y tu reacción. Vacío e incoherente, como mi cerebro aquellos días fue el primer pensamiento que fluyó instantaniamente por mi boca.
Siempre fuiste fuente de inspiración. Te ridiculizé en cada texto, pero la permantente sátira de nuestro amor dio pie a eneros taciturnos.
Torpe como nunca jugaste con mi nariz un rato, balbuseaste estupideces y acariciaste mi oído flashback de lo que tuviste.
Tuve la extraña sensación que ese día te sobraban algunas extremidades.
No recordaba lo banal de tu compañía, pero mi rebelde lengua no escuchó las intrucciones y decidió por si sola.
¡Maldita! Por tus carnales impulsos ahora bailas con Saturno. Aunque mures por un tango con Venus.
Junio, 2009.-

jueves, 23 de abril de 2009


Y con risa en el estómago caímos agotados en el pasto.
¿Qué adictiva droga es la que sale de tu cuello y penetra en mi alma hasta caída la noche?
Me miras con más de una sonrisa en la cara y me doy cuenta de la perfección de tus cejas. Como dibujadas con tinta negra. Armoniosas, perfectas.
- Yo te amo.
- Yo también Matías.
- Pero mirame. Mirame y di que me amas.
- Es lo mismo.
- No, mirame.
- No hay diferencia.
- Yo te amo.
- Yo también.
- Mentira.
- Me debes muchas Matías, déjame no amarte por hoy.
Tus enormes ojos se clavaron en mi pelo como los virus en las células y me invadieron unas ganas odiosas de no verte más.
Tu presencia hoy incomoda, no como ayer, pero aún así te abrazé como tratando de integrarte en mi cuerpo, para que te quedarás ahí siempre que te necesitará. Pero no funcionó.
Noviembre, 2008.-

Hablas y escupes clichés a borbotones. No puedo creer que crees que te creo.
No querido, ya nada es como antes.
Recuerdo cuando llegaste a mi casa con hipo en la boca. Querias un vaso de agua y yo olí un poco de excusa en el aire, pero te lo di. Pasamos la tarde entera tirados en el sillón tomando Escudo y jugando gato.
Ahora me miras con cara de todo y sin poder explicar nada. ¿Qué nos pasó compañero mío?
Llegó doña rutina y nisiquiera tocó la puerta.
¡Que maleducada ¿no?!

Noviembre, 2008.-