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lunes, 3 de agosto de 2009


Esque hoy la soledad se agradece.
En la tranquilidad de mi hogar te escribo sonriente, orgullosa y sencible.
Agradesco al témpano de hielo que reposa en medio de tu pecho por abandonarme. Agradesco a cada lágrima que derramé por él; abundantes borbotones de inseguridad que acariciaron mi mejilla cada noche y algunos días, sin descanso.
Agradesco tus besos. Amateur en ese arte, pobre pequeño.
Agreadesco no extrañar la compañía de tu troglodita presencia. Aunque debo admitir que el aire que habitaba tu cerebro es adictivo. La sensación de superioridad que me brindabas con cada barbarie que salía por tu osico, animal, nunca será reemplazada por cualquier otro hombre que posea mi boca. Ten fe de eso y agradece al cielo que eres recordado así.
Fuiste el principal exponente de mi edad media. Juro nunca más cometer tal zoofilia.

Agosto, 2009.-

lunes, 25 de mayo de 2009


Soy yo la que te engrandesco cada día con mis historias. Porque en realidad eres nada.
Simple tilde en una palabra menos compleja de lo que parece.
Acompañamiento de mi inspiración. Error con justificación.
Brillas porque yo quiero que lo hagas. Sin mi tu tosca ignorancia no sería atractiva.
Agradeceme porque te hise un altar frente a mi gente, que ahora cree sin atreverse a apelar, que tu cerebro y corazón son misteriosos e intrigantes laberintos de saber y emoción.
Te bautizé como Toro, pero no eres más que un simple burro sumido en el oscurantismo.
Mayo, 2009.-

martes, 7 de abril de 2009


Casi no te quedaban palabras en la boca, ni besos para dar.
Reservado de cariño y egoísta de abrazos, conquistaste mi corazón con cada infinita pestaña que nacía y moría en algún lugar indeterminado de tus ojos color monotonía.
Apreté fuerte los párpados y abrí rápido el corazón para así no arrepentirme luego.
La perfección de tu imponente precencia derretía cada trocito aislado de hielo existente en mi ser y a cambio dejaba un beso por cada herida pasada, acariciando nuestro futuro con suaves plumas de ilusión desenfrenada.
Tu risa me perfumaba la cara cada vez que de tus carnosos labios se desprendía la más espontánea y sincera carcajada jamás escuchada por algún habitante de este planeta. Sólo yo podía escuchar tan armonioso calor con sabor a música que salia de tu boca. Y era solo yo quien disfrutaba escuchandote reir, porque nadie más lo hacía. Estabamos tan lejos de todos, tan lejos de la rutina y la realidad, que solo yo te escuchaba.
Pero aún así no logré oir los freneticos gritos de tu corazón pidiendo libertad.
- Ven, sientate junto a mi.
Cuando cerró los ojos intentando injectar morfina a su corazón agonizante, nunca imaginó que al abrirlos algo peor le esperaba.
Un beso indiferente recorre tu lengua. Sientes como sus manos te tocan, pero no te aman y haces caso omiso a la advertencia de "peligro" pegado en su frente.
El deseo te gana y entras en su juego, ingenua. Más bien tonta.
Tu pelo, tu cara, tus manos, tus piernas, tu cuello. Todo está a su merced. Podría hacer y deshacer como quisiera con tu corazón, pero no lo hace. Por ahora.
Extracto del cuento para el concurso literario.
Abril, 2009.-

jueves, 19 de febrero de 2009


Siempre así. Serio, tranquilo y frio, imitando al mar nocturno cada día sin tregua.
Con caricias contadas, caes sobre mi pecho, buscando el aroma que te enamoró, pero no lo encuentras porque ya no estoy aqui. Te llevaste hasta el ultimo abrazo con tu gélido corazón.
Cae la luna sobre nuestras cabezas y recuerdas que existo.
Un silencioso y breve beso me avisa que estamos en igual territorio. Un roce de manos sin acompañamiento verbal alguno es la dosis de afecto que me das por hoy, por lo menos hasta mañana, a la misma hora. Quizá sin luna, quizá sin beso. Quizá sin ti.
Febrero, 2009.-